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Una reflexión sobre el lugar de la Ecología y de las desiciones que se toman en su nombre.

Cuando usualmente se habla de las desiciones que corresponden a el mantenimiento del medio ambiente, abarcos barados e el mar de aral eliminar la contaminación y todo este tipo de asuntos, se dice que estamos tomando desiciones en “ecología”.

Sin embargo, “ecología” es otra cosa, en sentido estricto.

Es la disciplina que estudia las relacione y equilibrios entre los seres vivos entre sí, y con su entorno.

De igual modo que cuando nos enfrentamos con la necesidad de decidir, por ejemplo, si ir con ropas ligeras o abrigadas no nos lleva a decir que estemos ante un problema de meteorología, cuando encaramos aquellas desiciones debieramos entender que no son desiciones “de” o “sobre” ecología, sino que son desiciones que toman en consideración lo que el conocimiento en ecología brinda, pero que corresponden a otra actividad humana.

Siguiendo con definiciones, una definición bastante estándar de economía sería que es la ciencia que estudia los medios para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos. En este caso, bien podríamos pensar que la “ecología” en el sentido de desiciones que tienen que ver con el mantenimiento del medio, con respecto a contaminación, etcétera, no es sino un enorme capítulo de la economía.

Se dirá que no puede haber “economía” sino hasta que previamente halla algo de lo que esta exista. Pero estaremos ante un falso dilema. Ese estudio previo es lo propio de la auténtica “ecología”. La “otra ecología” no podrá dejar de haber considerado que su rumbo es el de las disciplinas humanas, y por ello, lo que hace es siempre tomar en cuenta cómo los humanos nos vinculamos con ese medio base.

¡Y vaya si se le aplicará a lo “ecológico” -en la acepción que proponemos- aquello de “bienes escasos”!

Me adelanto a considerar una protesta: si relevamos la consideración de estos temas al domino de lo económico, lo hacemos pasto de los tecnócratas, que en su jerigonza inextricable harán de él como de tanta otra cosa, un galimatías.

Pues no.

Es que parto de la concepción que la economía, nunca es “una” disciplina. Como todas las humanidades -de las que es una- no es sino un campo disciplinar en dónde diferentes teorías disputan.

Por ello la economía siempre es Economía Política, esto es una comprención polítca, que por tanto describe las relaciones de poder reales y está inscrita como parte del desarrollo de las mismas, a un mismo tiempo.

Así, tendríamos una Economía Política y como un gran capítulo una Ecología Política.
Conseguir considerar de este modo estos temas no es menor, ni una mera tarea apuntada en una destreza terminológica.

No será sino mediante la consideración de la inscripción Económica y Política de la Ecología que podremos superar su intento por algunos de convertirla en un dogma de difusa claridad. Así, muchos de los reclamos que desde el norte llegan, no apuntan a mejorar realmente lo Económico/Ecológico Político sino a perpetuarse en un sitial de poder, a través de garantizar para otros las posiciones subordinadas.

Cuando se dice “detengamos la industrialización” se dice en realidad, “sigamos nosotros en poder de las industrias, y ustedes sigan produciendo materias primas”. ¿Porqué no se dice “desmontemos parcialmente la industrialización del norte y industrialicemos el sur?.

Abrir los ojos a esta realidad nos permitirá libremente hacer nuestras opciones, críticamente, sin ingenuidades.

Este artículo fue publicado en “Flax et Pango” en Bitácoras. Ahora lo traslado a este lugar, manteniendo la fecha de su publicación original.

Borrador filosófico, en torno a unas reflexiones sobre el objeto y las consecuencias que de ellas se pueden derivan.

1. Digo “Objeto” de todo aquello de lo que puedo decir algo.esquema objeto

2. Así habrán objetos que existen, y objetos que no existen, pero todos serán objetos.

3. Un sujeto, en el plano cognitivo, no es sino aquel que conoce un cierto objeto. Pero en tanto de ese sujeto puedo decir que es alguien que conoce un cierto objeto, carece de relevancia que sea otra cosa, sino un objeto en tanto de él puedo decir que conoce.

4. En tal sentido cabría preguntarse si un objeto que conoce guarda algún tipo de privilegio con respecto a otros objetos. Más para ello deberíamos entender primero que es conocer.

5. En líneas generales, se habla de “sujeto de la historia”, “sujeto de liberación”, etc. para indicar cuál es el actor que desarrolla un cierto proceso. Pero en tanto es un actor de un proceso, es algo de lo que algo puedo decir. Un objeto.

6. La resistencia a pensar sin sujeto podría venir por un lado de objeciones teóricas, pero creo que además proviene de una fuerte objeción emocional. Si no hay sujeto, y todo es objeto, entonces en tanto objeto yo seré un dato pasivo en una realidad que únicamente me exterioriza. Veremos que no es así.

7. Si supusiésemos para un cierto objeto el nombre de sujeto, entonces ese sujeto conoce objetos. Uno de los objetos que conoce es a sí mismo. En tal sentido se conoce como objeto. (Schopenhauer). También conoce a otros que en su momento son sujetos, pero en tanto son conocidos, son objetos.
Nadie pondría en duda que tal “objetualización” del sujeto que se conoce a sí mismo o que conoce a un otro, no quita ni agrega a la humanidad y voluntad del tal objeto conocido.
Por ello los argumentos “emocionales” contra el objeto cómo sustitutivo del sujeto no se justifican tampoco desde este punto de vista.

8. Lo mismo puede aplicarse al concepto de sujeto histórico, etc. En cualquier caso puede ser sustituído por objeto, o por una expresión menos conflictiva, como actor, ya que en este caso lo que cuenta es no enfatizar una posición cognitiva, sino un lugar en la acción.

9. Cómo dijimos al principio, el rechazo al sujeto va de la mano con una cuestión primordial: el rechazo a toda gnoseología que dependa de uno que conoce. (ver notas sobre conocimiento).

10. Planteado así el conocimiento como relaciones entre objetos, podremos afirmar que en un nivel máximo de abstracción, todo se reduce a objeto y negación. (La negación me permite tener dos valores, el objeto y el no objeto. A partir de ahí puedo tener la conjunción. Y una vez con conjunción y negación puedo armar todos los demás operadores lógicos).

11. Si la estructura básica de abstracción es objeto y su negación, siendo la negación no el objeto sino no el objeto, entonces no puedo sino aceptar que para nos ser un cierto objeto es necesario no ser ese objeto. Así tenemos una base deductiva que permite comprender la necesidad de esa oposicíon como condición de nuestro pensamiento.

12. Ahora bien, en tanto no se puede ser un objeto y no ser ese objeto al mismo tiempo, el objeto deberá ser y no ser diacrónicamente. Así es cómo el tiempo se presenta como una dimensión necesaria de nuestro pensamiento. En el mismo, bien visto, nunca podrá haber una auténtica sincronía, sino una mera aproximación sincrónica. Objeto, negación y necesaria diacronía son los elementos sobre los que lógicamente se sustenta la dialéctica.

Una pequeña discusión sobre una posible perspectiva para iniciar una discusión sobre Estética.arte

1. Toda obra de arte es creación de algún hombre o de algunos hombres. En tanto creación de alguien que es naturaleza, la obra de arte no es naturaleza. (Podríamos definir a la naturaleza como lo increado que crea contingentemente)

2. Si toda obra de arte es algo distinto de la naturaleza, es no naturaleza. En ese sentido, podemos indicar que es negación de la naturaleza.

3. Además podemos señalar que dialécticamente toda obra se desprende de la naturaleza. De ahí que el acto de desprendimiento de la naturaleza, y luego la negación de ese desprendimiento constituyéndose para dar lugar a la obra concreta, sean un proceso dialéctico claro.

4. El desprendimiento de la naturaleza es el acto de concepción de la obra, y la negación del desprendimiento es el acto de elaboracion de la obra. La obra es el resultado final.

5. Tanto la naturaleza, como la negatividad pura de su negación, existen en el mundo. Esto es en una ubicación concreta, en tiempo y espacio. De ahí que todo lo que expresamos refiere a la generalidad teórica del arte, y no a obra concreta alguna. La concreción supondrá siempre factores ajenos a la teorización, que componen su realización.

6. Así tenemos naturaleza y obra, mediadas por la concepción y elaboración. Esta sería la anatomía del acontecer del arte. Queda por delante discernir algunos puntos relevantes: ¿En qué se diferencia la producción de arte de las otras producciones humanas que podrían aplicar a esta descripción? (Cuestión de la delimitación). ¿El valor de la obra depènde de cada una de las instancias origen, destino, y negaciones, o sólo de alguna de ellñ639.as? ¿Qué y cómo será lo evaluado tras esa consideración? (Cuestión del valor).

Este artículo fue publicado en “Flax et Pango” en Bitácoras. Ahora lo traslado a este lugar, manteniendo la fecha de su publicación original.