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Category Archives: latinoamericanismo

Marxismo en el siglo XXI

Las tesis del año 17

I. Supuestos básicos

1. El Estudio de la Historia deben ser realizado en función primordial de sus componentes materiales, sin olvidar que existen bajo tal nombre también elementos no sólidos. No confundir con el materialismo positivista. Los sistemas simbólicos, los conceptos, lo jurídicos, etcétera, son elementos que se derivan directamente de lo material en tanto que portados en el entendimiento de seres humanos claramente materiales. Al incidir en su conducta no deben nunca ser dejados fuera de la consideración. Pero los mismos deben estudiarse conjuntamente con las condiciones materiales específicas en las que surgen, en las que se desarrollan y en las que dejan de estar vigentes.

2. El estudio materialista de la historia, el Materialismo Histórico, permite comprender los procesos de largo plazo de la historia humana. El estudio de dichos procesos es lo que conocemos como Materialismo Dialéctico, ya que estudia la forma en que las cosas se van desarrollando las unas a partir de las otras. El materialismo dialéctico brinda la justificación epistémica del materialismo histórico, y al mismo tiempo compone su propia justificación. La misma no debe comprenderse al modo de las verdades aristotélicas, con su constante exigencia de un tercer hombre, sino que se constituye a la vez en la justificación y el problema.

3. Todos los procesos estudiables se basan directa o indirectamente en la acción humana, especialmente en el trabajo humano. El trabajo es la mediación entre el mundo y el hombre. O dicho de un modo más claro, el hombre se constituye en tal al alienarse del mundo mediante la doble negación del trabajo. O dicho nuevamente al revés, el mundo es lo existente, la physis, el conjunto de todo lo que existe. De ese todo una parte actúa transformando otra parte de él, pero al transformarla, ella misma es transformada. Esto supone una doble negación, se le niega al mundo que una parte sea parte del mundo, pero se le niega a la parte que sea el mundo. De ello surge la particularidad de ser hombre. El homo sapiens se hace hombre en el trabajo.

4. La apropiación de trabajo de unos grupos humanos por parte de otros grupos humanos conduce a la existencia de clases sociales. Por ello las clases se definen por su relación con el trabajo. Las clases sociales tienen una relación necesariamente antagónica, pero también necesariamente dialéctica. Cuando un grupo se apropia del trabajo de otro, deja de integrar una sociedad unida y se crea en la apropiación como clase. Pero al hacerlo, crea a la clase desposeída como clase a su vez. Las clases sociales se desarrollan desde ese momento a través de los conflictos por la apropiación del fruto del trabajo. Dicho conflicto se desarrolla constantemente desde que comienza y sólo puede terminar si no existieran clases sociales. Dicho estado de cosas sólo puede darse cuando una clase social derrota en la lucha a las restantes y al imponerse reunifica la sociedad.

5. En las sociedades capitalistas la apropiación asimétrica del trabajo se produce a través de la fetichización de la mercadería. La mercadería deja de ser la presencia real de trabajo y materia prima, para desarrollar variaciones de valor aparentemente arbitrarias, pero que son la expresión de las fuerzas sociales en acción, imponiendo el dominio y la explotación sistemática no sólo de los trabajadores que directamente son expoliados mediante la plusvalía, sino de las grandes masas a nivel incluso planetario. La fetichización de la mercadería se expresa con claridad -ideológicamente- en el vocabulario de las Bolsas de Valores, en dónde, por ejemplo, el petróleo “sube” o “baja” como si fuese una persona que pueda moverse. A la inversa, las personas se convierten en “capital humano” y su trabajo se vende como “mercadería” y no como una fuerza de creación humana y de realización de lo humano. En estadios recientes ha llegado la conversión en mercadería de la moneda, de la imagen, de los conceptos.

II. Necesidades de desarrollo teórico

1. Es imprescindible el desarrollo de una gnoseología dialéctica, que comprenda que el error no es una falencia del conocimiento sino una necesidad básica de su existencia. Tal gnoseología debería considerar al conocimiento no como un acontecimiento en la mente de un uno que conoce, sino como una produción social e histórica colectiva concreta.

2. La misma implica el desarrollo de una Teoría de la Verdad en la que la misma no es un valor inmutable sino algo en reallización constante, y en la que se impllica que toda verdad necesariamente dejará de serlo.

3. El desarrollo de una Antropología filosófica acorde con lo anterior en la que cada persona es una realización de una internalización de contenidos sociales resulta un corolario necesario a lo anterior.

III. Ubicación política.

1. El marxismo no fue nunca la obra de Carlos Marx, o de Marx y Engels. Siempre resultó del proceso de luchas colectivas que en Marx y Engels halla una primera y esclarecedora expresión teórica. El marxismo siempre debe estar en un proceso de constante desarrollo y transformación. En tal sentido se destacan los aportes de muchos autores a lo largo de su desarrollo.

2. Un riesgo constante es que dado la inevitable utilización de modelos organizacionales desarrollados en la esfera religiosa europea occidental, se busca conformar “canones” y “dogmas” y organizaciones que disciernen y castigan a los “herejes”. El marxismo debe asumirse a sí mismo como herejía (separación) perpetua so pena de perder en sí como corriente de acción política y teórica los componentes dialécticos que dice son su base y deberían ser siempre su método.

3. Durante los dos pasados siglos se vivieron diferentes luchas que alcanzaron diferentes resultados. Algunas de ellas cristalizaron en estados que aún perviven, y otras tuvieron un final. En ningún caso se logró superar plenamente la sociedad capitalista. La construcción local de estados que aplican algunos criterios socialistas no pueden verse como una victoria final acotada al estado en cuestión. El mundo funciona como sistema en el que los países imperialistas existen en su relación y por su relación con los países por ellos dominados. Por lo tanto todo estado socialista aislado está de antemano condenado al fracaso.

4. El socialismo para triunfar debe necesariamente ser internacionalista. Tal internacionalismo puede aceptar que circunstancialmente sea positivo fortalecer procesos en un solo país, pero a largo plazo tal política es suicida.

5. Las formas de organización y lucha política varían de acuerdo con la situación histórica de cada sociedad. Cómo criterio general sin embargo puede establecerse que resulta una necesidad política la existencia de un Partido. Todo Partido revolucionarió lo será en tanto tenga:

a. un análisis materialista de la instancia local y mundial

b. una estrategia para la toma del poder basada en a.

c. un conjunto de planes tácticos basados en b.

d. una organización para posibilitar lo anterior

e. tal organización deberá contar con una dirección que emana de sus bases.

f. el Centralismo Democrático es un excelente modelo de organizacón para tales partidos, pero nunca deberá transformarse en un modelo burocrático, o estar apropiado por oportunistas.

IV. Ubicación concreta

1. A 17 años del siglo XXI, en Uruguay, América del Sur, vivimos en una sociedad capitalista periférica. Ello implica que todo análisis que sólo considere la situación local incurrirá en un error de análisis de un “capitalismo incompleto”: el cuadro sólo resulta completo en función de considerar su inserción en el imperialismo a nivel planetario.

2. Desde los años 90 se vivió a nivel mundial un auge económico e ideológico del capitalismo sin precedentes desde el siglo XIX. Dicho proceso parece haber llegado a su fin. Durante el mismo el imperialismo fué protagonizado por la gran potencia imperialista contemporánea, USA, así como por la colectividad poliestatal llamada Unión Europea. Ellos entraron en una competencia creciente con estados emergentes, como la India y particularmente la República Popular China. Especialmente relevante es esta pugna ya que aunque muchos tenemos dudas significativas sobre el proceso revolucionario chino, el mismo es claramente un proceso que se cumple con lo establecido en III.5. Visto a la distancia puede temerse que lo consignado en f esté ocurriendo, pero no tenemos suficientes datos para afirmar o negar tal situación.

3. Así cómo China, otros estados -éstos dentro de diversos modos de organización capitalista- rivalizan con USA y la CE, especialmente India, Rusia, Brasil y Sudáfrica. En algunos de esos países se han producido avances en las luchas populares, pero en otros se halla en el poder camarillas de oportunistas y contrarrevolucionarios. En cualquier caso, son ellos, junto con Nigeria, los países que junto a USA y la CE tienen mayor población, y por lo tanto un potencial mayor de trabajo. De ahí se deriva que necesariamente ocuparán lugares relevantes en todo análisis político a futuro.

4. USA y la CE muestran claros signos de agotamiento de un modelo interno de bienestar que permitía mantener tranquilas a las masas explotadas en su interior a cambio de prestaciones financiadas con los recursos expoliados al tercer mundo. Tal crisis halla diversas expresiones política, que sería innecesario mentar. Nótese particularmente que cuando en una sociedad capitalista la contradicciones imperantes no se resuelven en un avance popular que se mueva en dirección al socialismo, se produce un giro aparentemente regresivo a modelos fascistas. Decimos “aparentemente” ya que en realidad no hay una regresión entre el capitalsmo liberal y el fascismo, sino un proceso de reorganización que a su tiempo relanza al capitalismo en su modo ideológico liberal.

5. Las acciones contra los gobieronos que implicaban avances del campo popular en América del Sur, se deben ver como parte de una acción contra Brasil. Brasil, por su masa de recursos materiales y el número de sus habitantes, necesariamente es la sociedad y el estado más importante en la región. Ningún voluntarismo puede soslayar ese hecho. Los avances en Venezuela o en Argentina, por no hablar de Uruguay, son menores con respecto a procesos del PT brasilero, con todas sus sombras incluídas. La defensa de lo ocurrido en la lucha contra las clases dominantes brasileñas, expresadas en la alianza entre la burquesía, los terratenientes, los estamentos militares y religiosos en ese país constituyen el más importante frente de lucha a nivel continental en este momento. Ello no quita mérito a otros procesos, pero es necesario tenerlo en perspectiva.

6. La recuperación del movimiento popular brasileño es crucial para la causa de la revolución continental.

7. En Uruguay los procesos de avance político que culminan en el primer gobierno del Frente Amplio se han detenido o extraviado en caminos laterales. Si bien en el segundo y en lo que va del tercer gobierno del FA han existido eventos positivos para el bloque popular, los mismos no pueden dejar de ser entendidos como avances que ocurren por fuera de un plan de lucha que apunta a una toma del poder. Son conquistas desorganizadas y caóticas, que aún siendo importantes, en su condición inorgánica no permiten el surgimiento de sinergias.

8. El giro a la derecha del poder Ejecutivo del Frente Amplio, en este segundo gobierno de Tabaré Vázquez, implica una traición al Frente Amplio por parte del Poder Ejecutivo, y a todo el pueblo uruguayo en su conjunto. Tal tración encabezada por Tabaré Vázquez se expresa en diferentes medidas antipopulares y en una política económica de administración de la crisis que no quiere acomenter riesgos sino que continúa apostando por el modelo socialdemócrata de la CE, esto es, por una variante del capitalismo liberal que utiliza retórica socialista cuando le conviene e instaura medidas de apoyo social para atenuar las crisis emergentes.

9. El giro a la derecha del Frente Amplio era un fenómenos predecible y hasta normal. Ante la bancarrota política e ideológica de los Partidos Tradicionales en un país cuya tradición simbólico-política inhibe los partidos repentistas, era inevitable que los sectores socialdemócratas siguieran un curso similar al del PSOE español, que hace años es claramente un partido político de derecha. Ello no inhabilita al Frente Amplio como experiencia política ni lo torna caduco. Lo que hace es establecer claramente la diferencia entre un Frente Amplio de las dirigencias políticas tecnocráticas profesionalizadas, y el Frente Amplio como elemento simbólico en la ideología popular. Ello no es algo nuevo en nuestra historia. Incluso en el siglo XIX los partidos tradiciionales solían escindirse entre “doctores” y “candomberos” o “el gauchaje”. Ello implica que aún no hemos conseguido hacer mella en el modelo ideológico político dominante en nuestro país.

10. La concepción de “gobierno en disputa” debe dar paso a una concepción de “disputa al gobierno”: sin abandonar los cargos técnicos, ni los cargos locales, los partidos revolucionarios deberían renunciar a todos los cargos pollíticos en el Poder Ejecutivo, y seguir en el Frente Amplio para señalar errores, y defender el proyecto democrático avanzado y popular. La no renuncia a los cargos en el poder ejecutivo constituye una actitud timorata u oportunista, según el caso.

¿Cuál ilustración?

La historia a la baja en el país de los que eran valientes.

“A lo inobjetable, no le pasa en realidad nada”

(Theodor Adorno, Dialéctica negativa)

1

Naturalmente las palabras cambian al cambiar los idiomas en las que se habla. A veces sólo cambia el sonido, pero por lo demás hay identidad. Creo que las palabras equivalentes a “mesa” en casi todos los idiomas sólo significarán “mesa”.

No ocurre lo mismo con palabras que no suponen una referencia tan directa. Las palabras con las que denotamos conceptos muchas veces apuntan en principio a situaciones, objetos u acciones triviales, distintas de aquello que su concepto encierra.

Lo que en alemán llaman die Aufklärung aparece en un diccionario alemán-español de bolsillo como “aclaración, ilustración, clarificación”. Valga apuntar que no hablo alemán. Pero por lo leído es claro que con esa palabra se apunta a aquél período histórico que solemos identificar como “ilustración”. Al mismo en inglés le he visto ser llamado “the enlightenment”, algo así como “la iluminación” -entendida como substantivo, no como acción-, y en francés como “les lumières”, las luces, giro recogido en el título de la novela de Carpentier.

No es un problema tal dispersión siempre y cuando sepamos todos que hablamos de lo mismo. Por lo que cabe preguntarse si realmente, todos hablamos de lo mismo. Más de un texto se ha escrito intentando clarificar qué es la ilustración, pero a efectos de esta exposición me referiré -en la primera parte- sólo a tres textos y dos autores.

En 1784 a pedido de un periódico Immanuel Kant escribe “Respuesta a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?”. Es un texto bastante bien conocido al día de hoy, en el que se habla de la Ilustración mientras ésta está ocurriendo.

En 1983 Michel Foucault en su curso en el Colegio de Francia da una clase cuyo texto luego se editara en mayo de 1984, y que fuese recogido en castellano en el libro “Saber y Verdad”, en el capítulo “¿Qué es la ilustración?” en 1991, pero que en su lengua original se conoció bajo el titulo de “Un curso inédito”. Otro texto de 1984, fue por su parte, publicado en inglés, y sólo se conoció en francés en 1993, también bajo el nombre “¿Qué es la ilustración?”

Esta precisión, que me resulta molestamente puntillosa, es relevante en este tiempo de lecturas distribuidas electrónicamente, ya que muchos pueden haber conocido sólo uno de ambos textos. Los mismos se hallan claramente emparentados, con aspectos que alguien más atento a la reseña podrá detenerse a comparar y determinar. Yo los usaré como si fuesen un único material, ya que resulta al leerlos bastante claro que provienen de una misma etapa en la reflexión de Foucault; porque que en ambos hay aspectos importantes no tratados en el otro; y porque no hallo que entre ambos se de ningún contrasentido que haga inoportuno tal uso.

Lo interesante para nosotros en este momento es observar que cuando Foucault elige titular “¿Qué es la ilustración?” no está simplemente tomando un tema a tratar, sino que se está estableciendo en un territorio conceptual a compartir con Immanuel Kant, La interrogación así se despliega desde un siglo hasta otro, y pasando por encima de todo un siglo completo, como si éste estuviese intocado.

Pero también hay una consideración posible desde la geografía, desde Prusia hasta Francia, desde un estado que ya no existe, a uno que aún sí. Y si consideramos que Königsberg es hoy Kaliningrado en Rusia, desde una ciudad que ha cambiado su nombre y pertenencia nacional, hasta otra que se ha mantenido en la misma centralidad. De tal modo el tiempo y el espacio muestran cómo se continúa y quiebra constantemente y en distintos niveles la situación de la reflexión.

Por todo eso al enterarme de la existencia de este coloquio que se plantea cuál sería el interés hoy de la lectura de Foucault, salto mentalmente hacia estos dos artículos, lo que de algún modo muestra una artificialísima continuidad voluntaria. Porque tal salto pone en manifiesto una dislocación mayor: hacia un país sudamericano y hacia el siglo XXI. Pero además hacia un país en dónde se ha establecido entre sus tradiciones un cierto tipo de mandato hacia algo llamado Ilustración.

Cabe preguntarse pues si más allá de las palabras en distintos idiomas, lugares y momentos hay algo en común a ser tratado, o si el concepto se ha ido transformando al punto de volverse imposible tal consideración.

Esto nos plantea considerar la relación entre un cierto concepto y aquello que lo dota de realidad, entendida esta como la cualidad de lo real. Todo concepto no es sino una negación de lo real, que en la misma medida cuanto establece un vínculo fructífero con lo negado, se dota de realidad. Ello ocurre por una ruptura radical del entendimiento. La acción es la que impone el dato inefable, que el entendimiento en vano intentará decir, y que al decir negará la acción en la acción de decir e imponiendo la pretendida eternidad de los nombres. Por esto toda consideración exclusivamente conceptual nunca será capaz de superar al mero idealismo.

Pero un concepto dado, cualquiera que sea, resulta de una producción histórica concreta, físicamente situada, y responde en todo caso a multitud de influencias que no son ni conceptuales, ni intelectuales, ni racionales. La racionalidad de todo lo real no es sino la constatación de que todo lo real es susceptible de ser explicado después de acontecido en términos racionales.

Tal constatación sin embargo lleva de sí que también ha de considerarse que ningún concepto puede realizarse -esto es, dotarse de realidad- sino mediante la negación de lo conceptual. Tal negación consiste en el abandono del entendimiento por la acción, entendida no como la acción de uno que actúa, sino como una producción histórica, social, colectiva.

La concreción histórica de los conceptos nunca se da en forma aislada, sino imbricada en su situación histórica concreta, en una cierta producción de sentido, en una cierta producción de afirmaciones específicas. Tal cosa, condena de antemano la posibilidad de la generalización absoluta, y establece los limites de la verdad en la situación considerada.

Pero a su vez la producción de generalidad de los conceptos es una cierta producción específica de sentido imbricada en producciones específicas de afirmaciones. En tal sentido la generalización gana su partida: los conceptos tienen en su naturaleza proyectarse en una generalización como si sus resultados fuesen absolutos. Se dotan de una justificación que en tal sentido que parte de la propia realidad que cada de uno de ellos detenta, y que entre todos busca lograr una seducción de coherencia o de eficacia lógica.

Pero para luego existir, habrá de ir a un juego de idas y vueltas. Y otra vez, ningún concepto existe sino en tanto que contenido histórico en una producción de afirmaciones y sentido históricamente concretas. Por ello el concepto se desgarrará nuevamente, puesto en el paso de sí a una realidad que sólo puede reafirmar en tanto sea fructífero para lo real que lo niega.

Para el caso, intentemos comprender qué es lo que se entiende por la ilustración en la obra de Kant que consideramos. Y lo podemos ver, sin mucho esfuerzo y apenas la lectura de la misma comienza, cuando se nos dice que la Ilustración ha de ser comprendida como una llegada de la humanidad a una adultez, a una mayoría de edad. Esto ocurre en la medida que los hombres no afirmen ciegamente la verdad de los mandatos que se les realizan, sino que piensen por sí mismos, que practiquen un “atreverse a saber”.

Es importante aclarar que Kant diferencia entre un uso público y uno privado de la razón. El segundo es el que hacemos en tanto seres responsables en una comunidad, sometidos a reglas que posibilitan su funcionamiento. En tal caso, hemos de cumplir lo que se nos mandata, no importando la opinión que de ello tengamos. Pero el uso público de la razón supone que más allá de tal acatamiento hemos de poder ser libres de expresar nuestra opinión sobre la conveniencia o no de los mandatos que debemos cumplir.

Foucault elige justamente trabajar desde y hacia el texto kantiano, ya que le asigna un valor relevante. Para él la Ilustración tiene que ver con dos cosas que se imbrican. Por un lado una peculiar forma de reflexión, una problematización del presente, en la que se establece la novedad que es propia de la modernidad. A diferencia de otros tiempos históricos en los que la reflexión del presente lo que hacía era ubicarlo en alguna perspectiva teórica previa, la ilustración o modernidad lo que hace es construir desde esa problematización su perspectiva teórica. Por otro lado, en la existencia de un ethos filosófico, que habitaría una dimensión limítrofe de la actitud filosofante, dejando de lado planteos trascendentales en pos de un desarrollo genealógico acometiendo su estudio mediante una arqueología.

Ello implica una renuncia al planteamiento de una generalización que permite las explicaciones más inclusivas, de mayor nivel de generalidad, pero no implica una conformidad con los límites sino un intento constante de sobrepasar dichos límites. Se plantea así una cierta “ontología de la actualidad”, como una forma de hacer filosofía en la que Foucault se ubica a sí mismo junto a Hegel, la Escuela de Frankfurt, Nietzche y Weber.

Dos cosas más destaca Foucault que son relevantes de anotar. En la consideración de la Revolución realizada por Kant, lo relevante no es la valoración de esta, sino la valoración de que existe una cierta concepción colectiva, una cierta “simpatía” por ciertos postulados que implican ver ciertos procesos y cambios como mejoras. De ello se sigue la existencia de criterios que evidencian algo que ha sido, es y será, cumpliéndose así la exigencia de una continuidad que posibilita un progreso continuo. Al destacar tal cosa Foucault busca de algún modo enmarcarse en el elogio a lo no revoucionario que se halla de positivo en la revolución que establece el prusiano. Por tanto este primer destaque tiene que ver con una afinidad. Y el segundo destaque y para nada menor, tiene que ver con una ajenidad: mientras Kant hablaba de la “humanidad”, Foucault nos habla de Europa.

La ilustración es un fenómeno de la historia europea, nos dice. Y en este encuentro en que nos hallamos y que se pregunta por la relevancia que asignamos en leer al francés, creo que este es el momento en que debiéramos asumir un nuevo giro.

2

El 26 de mayo de 1816 se completaban los trabajos que le habían sido encomendados a Dámaso Antonio Larrañaga para la formación de una biblioteca pública que sería posteriormente transformada en nuestra Biblioteca Nacional. Al completarse, desde su cuartel general en Purificación, José Gervasio Artigas saludó el logro haciendo que el santo y seña del ejército oriental fuese la frase “Sean los orientales tan ilustrados como valientes” desde el día 30 del mismo mes.

En general la frase ha sido repetida y oída como “sean los orientales tan instruidos como valientes”. Eso dicho en un país que aún no había conocido la reforma educativa vareliana, y continuaba aplicando castigos corporales para educar, y en el que campeaba el más hondo analfabetismo. Pero también después que dicha reforma ocurriese y precisamente reforzando el contenido de instrucción a ser inculcada tal mandato continuó repitiéndose.

Las voces de los actores capitalinos que podían escribir su juicio sobre la sociedad del siglo XIX en estas tierras, planteaban un problema central, el de la pacificación de la territorio, y llegada la ocasión vinculaban con la violencia al analfabetismo. Mas hoy uno debiera preguntars si, ¿era tal analfabetismo una “tara” nacional? ¿Era un signo de algo que se podía desarrollar y que no se había desarrollado? ¿O era la respuesta natural y lógica a una cierta forma de relación entre las formas sociales y económicas que habían en ese momento? Si la tercera fuera la respuesta, ¿cómo interpretar lo que en aquél momento era esa sociedad y cómo las transformaciones sucesivas que la misma fue viviendo?

Cuando Artigas propone ese santo y seña, no estamos aún en la incipiente industrialización, no es necesario que todo gaucho cuente al menos con un rudimento de escritura para que cumpla con sus tareas. Pero de igual modo en Kant no se exige que todo prusiano se atreva a saber, sin que por ello deje de proponerse tal lema. Aquí se postula una instrucción que por ahora, no está planteada sino para algunos.

Pero su desarrollo y continuidad en nuestra historia luego va cobijando primero a la generalidad de los hombres bajo su propuesta, y luego incluso a las de las mujeres. La ilustración entendida como instrucción se convierte en un programa nacional: “sean” es una clave oculta en su misma extrema visibilidad.

La palabra “valiente” proviene de una raíz latina que implica que algo tiene un cierto valor. De algún modo se está implicando que los orientales, tienen en sí un valor tal, que el ser ilustrados de forma y en cantidad análoga sería algo positivo.

Por el contexto histórico, podríamos suponer el valor como arrojo físico en la guerra, algo que se compadece muy bien de aquella sociedad a la que algunos estudios recientes llaman de “bárbara”, palabra que si bien me parece desacertada, he de reconocer que permite un primer acercamiento bastante efectivo.

Pero mientras se pasa de una sociedad en la que la ilustración en tanto instrucción es para algunos, y el valor un despliegue de coraje físico demostrado por los más, a una nueva sociedad en la que la instrucción se generaliza y el despliegue físico se retrae, se sostiene el sean como eje constante, programático de nuestra historia.

Hay una dimensión programática de mandato colectivo, aceptado y asumido en tal frase, una aceptación de un recuerdo de lo que debía ser, de lo que es y de lo que deberá ser. Las condiciones que se reclamaban a la visión kantiana de un cierto algo cuya continuidad pueda sostenerse y ser un indicativo de progreso. Para el caso de ellos era esa simpatía por los principios en la revolución, los que operaban en la sociedad europea, y para el nuestro será ese mandato a la instrucción.

Más ahora cabe recordar que Foucault nos decía que la Ilustración era un fenómeno europeo, mientras que Kant lo presentaba como propio de la humanidad. ¿Lo que estamos enfocando en qué perspectiva nos pone?

¿Es de algún modo la instrucción una forma de comprensión de la actualidad problematizada de forma tal que su concepción se convierta en constitutiva de una etapa histórica? No. ¿Es esta instrucción algo que impulsa un ethos filosófico que permite una ontología de la actualidad que interroga por los límites desde una ubicación en los mismos? Tampoco.

Dejemos de lado el punto de vista de Foucault, busquemos a Kant. ¿Supone la instrucción reclamada una “mayoría de edad” de los orientales? Para nada, los mismos siguieron reflexionando, con arreglo a moldes y modelos que les llegaron desde las figuras de la autoridad del conocimiento europeo, con algunas pocas excepciones que en busca de originalidad lograron no hacer escuela.

No hallamos entonces una forma de mostrar que de ningún modo halla habido algo así como una Ilustración entre nosotros. Se podría hablar de un cierto fenómeno con parecidos, aunque lleno de diferencias, pero su consideración va más allá de los límites que aquí nos proponemos.

Más aún, nuestra peculiar forma de vivir una cultura europeizante pasa por la sumisión al mandato de ser lo que no somos. Sean ilustrados, como un sean europeos.

No implica esta observación que justifique salir a la búsqueda de un indigenismo pintoresquista o absurdamente imaginativo, que recoge cualquier recuerdo inconexo para postular desde él afirmaciones injustificadas. Se trata sí de reconocer que en estas tierras existió una sociedad indígena, que se produjeron movimientos de tales pueblos a lo largo de miles de años, y que la llegada de los europeos impuso la cancelación de la cultura y de los grupos humanos preexistentes. Los que seguían cambiando y moviéndose hasta su etnocidio. Incluso los esclavos africanos se incorporan en una situación similar, mediante la destrucción sistemática de su identidad como sociedad y del grueso de su cultura.

Las supervivencias que ocurren, muchas de las cuáles son luego elaboradas y brindan riqueza artística, culinaria o toponímica, no dejan de ser supervivencias en el seno de la aplanadora, no europea, sino europeizante.

Así, lo que podemos afirmar es que no vivimos una ilustración en el sentido europeo, ni como una cierta postura ante la historia y su concepción, ni como la construcción de un ethos filosófico, ni como un hacerse cargo de la propia razón.

Pero sí tenemos que reconocer que esa misma aplanadora europeizante nos impone los mandatos culturales europeos: tenemos que atrevernos a saber, tenemos que problematizar el presente para desde él configurar una comprensión de nuestra historia, tenemos que dotarnos de un ethos filosófico renovado.

Pero al estar todo ello determinado desde la propia razón de la imposición, mal podrá ser una ilustración sino que se constituye en una negación de la misma.

Esto nos permite entender mejor varios de los fenómenos que hemos vivido en tiempos recientes. Para empezar como nuestra realidad política marca la abolición de la historia, entendida en este texto y de aquí en más como una asunción crítica de un presente desde el que configurar la comprensión del mismo, del pasado y del futuro.

Distintos actores políticos han propiciado en tiempos recientes discursos centrados en cosas tales como la “vuelta de la página”. Tal cosa ya no es, tristemente, patrimonio exclusivo de la derecha, sino que ha comenzado a fermentar en la propia izquierda. La “vuelta de página” supone un dejar atrás la historia como textualidad que da cuenta de lo acontecido, y para ello apela no a razón alguna, sino fantasías de lo irresoluble -esto no se arregla hasta que estemos todos muertos- o a la emoción como sustituto de la razón -no quiero ver presos a los viejitos.

El recurso de sustituir la historia por el mito tiende sus raíces hasta el propio Platón. En el mismo, el mito es fuente de verdad, siempre que sea un mito conocido y anclado en la tradición. Por eso Platón apela a sacerdotes egipcios u otras fuentes como sustento del mito. Quitando lo accesorio, podríamos decir que la sustitución de la historia por el mito supone la sustitución del uso del propio entendimiento para ser conducido desde la autoridad, bajo el cubierto respaldo que el texto de la autoridad proporciona.

Así se deja de lado si hubo o no una historia de abuso y violencia estatal, si se persiguió por conscientes fines políticos a personas que no habían cometido delito alguno, ni habían atentado contra ninguna figura institucional -la inmensa mayoría de los torturados, encarcelados, exiliados, desparecidos y muertos no integraban organizaciones cuya táctica pudiera ser usada como pretexto para una represión policial en manos militares. La historia se oblitera, la sociedad deja de tener así una concepción de su historicidad.

Y de igual modo a como la historia es anulada, la filosofía es anulada, en la absurda impostación de la misma hecha por el presidente desde el uso inadecuado de un espacio radial y de foros internacionales, cultivando y permitiendo hacer que su prédica inconsistente y cuasi religiosa pase por discurso filosófico.

La presencia en los medios de precisamente el primer mandatario, lo transforma de mandatario en oráculo, en realizador -en aquél que determina la realidad de lo dicho. Y asumiendo tal puesto reafirma y confirma el valor de toda expresión mediática.

Un proceso iniciado hacia la derecha con Chicotazo, corona así la entronización de una versión de izquierda mística que termina siendo servicial a la expertecnia. Porque lo propio del expertécnico es la inmersión en discursos disciplinares que suponen la eliminación de la historia y la sumisión a una liturgia burocrática y académica.

La propia imposibilidad decretada por el mandatario mistificador a través de un personero legislativo de anular la Ley de Caducidad, terminó en la resolución de una ley que traslada a decisiones técnicas si los casos se anularían o no. La posibilidad política es cancelada e impuesta la posibilidad técnica, cancelando la resolución histórica, ya que desde Hegel para acá sólo la historicidad puede dar cuenta de lo político.

No habiendo filosofía sino pensamiento religioso, mal podrá haber una ontología de la actualidad o un pensar los límites desde los límites mismos.

Lo peor es que el otro criterio propuesto para entender una “era de ilustración”, esto es una en la que se llega a la “mayoría de edad” también está amenazada. El llamado “plebiscito de la baja” no hace sino implicar una situación en la que so pretexto de castigar para imponer una autoridad que a través del temor garantice un cierto orden, por la aplicación de castigos para adultos a los menores, lo que hace en realidad es borrar la diferencia entre el mayor y el menor.

Yendo a contrapelo de lo dicho en la constitución, papel muerto cuando su defensa es insuficiente al igual que en 1973, el castigo se convierte en el centro de la pena, abandonada la pretensión de reeducación. El castigo, físico, corporal, de privación de libertad, surge de la necesidad pautada por los medios informativos que afirman, contra toda evidencia documental, que los culpables de los delitos son menores.

Es que tales medios lo que hacen es ubicarse como principio. Legitimada su voz por el mandatario, comparten el rol oracular, y determinan la percepción de lo que no es como si fuera. Ante la invención del protagonismo de los menores como agentes del peligro, lo que se hace es castigar a los mismos como si no lo fuesen. Reiteran y trasladan lo que no es como si lo fuese.

Pero al imponer el mito por el que los menores dejan de ser tales, como ya dije, lo que se hace es borrar la diferencia entre la adultez y la minoridad. Tal anulación, nos iguala bajo una autoridad que se reifica al ejercer el castigo. Y en tal situación, no habiendo ya adultez, no puede accederse a la misma.

Entre nosotros aún no ha alumbrado ninguna claridad. Y tal vez no halla que buscarla, ni en las tierras de perenne oscuridad, de las sociedades tradición perdida, ni en las tradiciones conservadas pero ajenas, que nos sostienen en una lectura pasiva de la instrucción del otro que sabe.

Dejar las historias míticas por el conocimiento histórico, el castigo como mandato social por una sociedad que se haga cargo de sus mandatos y posibilitar una reflexión propia performativa de nuestros futuros, son aspiraciones que necesitan hoy de todo el valor que podamos dar cuenta.

Guillermo Uria

Montevideo, 6 de marzo de 2014

Leído en el marco del Coloquio ¿Por qué leer a Foucault? realizado en el IPA, el 8 de marzo

últimas correciones, 9 de marzo


Bibliografía

Por razones de actitud hacia la vida, la política y la filosofía, hace tiempo ya tomé la decisión de no escribir utilizando los sistemas de aparato erudito al uso en la academia. Ello no implica el dejar de reconocer los numerosos préstamos, influencias, contrapuntos y confrontaciones, que todo pensamiento expresado supone. Valga la presente bibliografía como un indicativo, no exhaustivo de algunas de las obras que estaban en mi mente en el tiempo de concebir y escribir esta ponencia.

Foucault, Michel,

¿Qué es la ilustración?, publicado en el volumen Saber y Verdad

¿Qué es la ilustración?, publicado en la revista Magazzine Littéraire

Vigilar y Castigar

Las palabras y las cosas

Arqueología del Saber

Kant, Immanuel

Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?

Crítica de la razón práctca

Prolegómenos a toda metafísica del futuro que deba ser presentada como ciencia

El conflicto de las facultades

Adorno, Theodor

Dialéctica Negativa

Dialéctica de la Ilustración (con Max Horkheimer)

Hegel, GWF

Fenomenología del Espíritu

Viscardi, Ricardo

Guerra en su nombre

I Jornadas Latinoamericanistas Luc�a Sala, Ceil, FHCE, UDELAR y Embajada de México en UruguayRecibí la invitación por mail, y esta entrada es simplemente para dar cuenta de la misma y de algunos aspectos del programa de la misma. De más está decir que esta entrada no compromete a los organizadores, y que cualquier error o impresición será enteramente de mi responsabilidad.

Se realizarán estas jornadas durante los días 11, 12 y 13 de Junio de este año, aquí, en Montevideo, Uruguay. Las mismas tendrán lugar en el Centro Cultural de la Embajada de México, cito en la calle 25 de Mayo al número 522.

A continuación transcribo parte de lo que el mensaje promocional de la actividad dice, para luego incluír un reducido “programa” y los datos sobre los organizadores de la misma.

Dicen sobre Lucía Sala en la convocatoria:

Lucía Sala
(1925-2006)

Lucía Sala fue historiadora, militante política y defensora de los derechos humanos. Hija de una familia de inmigrantes, estudió historia por vocación y responsabilidad social. El equipo que integró con Nelson de la Torre y Julio Rodríguez innovó en la perspectiva de la historia agraria y la visión histórica sobre el artiguismo, al incorporar el marxismo como herramienta de análisis. Por su compromiso social y político, fue perseguida por la dictadura y se asiló en México. Este país y su gente impactarían profundamente sobre su pensamiento y su obra. Ingresó como docente a la UNAM, formando parte de un reconocido cuadro de intelectuales y académicos mexicanos y de otros países del continente. Comenzó allí otra etapa de su labor como historiadora, centrada en la América Latina del siglo XX. También desarrolló otras actividades en México, la principal fue la ayuda a familiares de quienes sufrían prisión política en Uruguay. Esta labor que realizó con el apoyo de Amnistía Internacional y otras organizaciones, las recordó siempre como “lo mejor que hice en mi vida”
Cuando el retorno a Uruguay en 1985, asumió la dirección del recién creado Centro de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Humanidades y Ciencias (Universidad de la República). En este Centro continuó la formación de investigadores, ingresando con sus colaboradores en distintas temáticas: las “transiciones de las dictaduras en el Cono Sur”, “las respuestas sindicales en los primeros gobiernos democráticos” y, por último, sus estudios sobre lo que llamó “la democracia esquiva en América Latina”Allí participaron y aprendieron muchos jóvenes -otros no tanto-, en un ambiente donde la discusión franca y creativa fue la tónica permanente. Estas jornadas de homenaje son un recordatorio para que la herencia de esta vida plena y comprometida quede presente en nuestros corazones e intelectos.

Programa

MIércoles 11 – 19 hs

Inauguración de las Jornadas. Apertura a cargo del Sr. Rector de la Universidad de la República, Dr. Rodrigo Arocena, Sr. Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Dr. José Seoane y del Embajador de México, Sr. Cassio Luiselli Fernández

Mesa testimonial
Sr. Nico Schvarz; Dra. Teresa Aguirre; Dra. Norma de los Ríos; Dr. Alcides Beretta Curi; Dr. Hugo Achugar; Dr. Rafael Guarga.
Moderadora: Marisa Ruiz

Fragmento de la obra: “La Embajada” Teatro el Galpón, dirección Marina Rodríguez

Jueves 12 – 10.30 a 12.30 hs

I Siglo XIX Latinoamericano

Ana Frega: Los aportes de Lucía Sala en la reflexión historiográfica sobre la participación de los sectores populares en la Revolución del Río de la Plata.
Daniel Coira: El abordaje de la etapa radical de la revolución de independencia en la obra del equipo de historiadores conducido por Lucía Sala y Julio Rodríguez.
Alcides Beretta Curi: Del jacobinismo agrario a las redes de productores: inmigración e innovación en el agro uruguayo, 1870-1900

Moderadora: Mariana Viera

Jueves 12 – 17.00 a 19.00 hs

II Democracia y Ciudadanía

Teresa Aguirre: Democratización y cambio social en la historia latinoamericana
José Luis Ávila: Desarrollo y democracia en la América Latina del siglo XX
Yamandú Acosta De la revolución a la democracia
Susana Mallo El intelectual: vocación y compromiso critico

Moderadora: Susana Dominzaín

Viernes 13 – 10.30 a 12.30 hs

III Academia y Política en la Obra de Lucía Sala

Juan Fló: La unidad irrenunciable e imposible
Jorge Lanzaro: Lucia Sala: académicos e “intelectuales orgánicos” en la izquierda de los 1960´s
Álvaro Rico: Académicos y militancia política

Moderador: Carlos Demasi

Organiza

CEIL, Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República

Auspicia y Apoya

Embajada de México en Uruguay