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La Voz que Arma

Ilusión y realidad en el la libertad mediada

Una reflexión a partir del cese de RCTV

imprenta a la derecha y a la izquierdaEn fechas recientes en Venezuela el gobierno canceló la concesión a RCTV, con lo que se generó una intensa discusión pública internacional. Una posición en esa disputa ha contrapuesto la libertad de prensa, con la autoridad que la restringe; mientras que en otra se presenta el deber del Estado velando sobre los contenidos que se brindan, enfrentado a los intereses de ciertos particulares y su intención política.

Bien vista, la libertad de prensa no puede homologarse a la libertad de expresión. Aquella es una libertad de los que tiene el dominio o propiedad de un medio de prensa, mientras que ésta es un derecho ciudadano.

No pudo existir, por cierto, la libertad de prensa antes de la invención de la misma. Así cuando en el período que nos han enseñado a llamar Renacimiento aparecen las imprentas, surge la exigencia de que lo impreso en las mismas sea liberado de los controles del Estado y de la Iglesia. En ese momento de la historia, la imprenta está en manos de algunos habitantes de las ciudades, y comienza por producir Biblias, en los días en que las guerras de religión estaban en Europa a la orden del día.

Ahora bien, los principios de la imprenta eran ya de mucho tiempo atrás conocidos por los chinos, quienes no la llevaron en ningún momento a convertirse en un sistema de “tipos móviles” cómo el que se planteó en Europa. Una explicación posible es que cualquier alfabeto europeo se compone de unos pocos caracteres, mientras que la lengua ideográfica china está dotada de un número mucho mayor.

Sin embargo, por vasta que la colección fuese, no sería infinita. Así, la posibilidad de la creación de la imprenta estaba ahí. Debemos entonces preguntarnos porqué en esa China que se hallaba en la avanzada técnica no surge la imprenta, cómo sí lo hizo, por ejemplo, la pólvora.

La respuesta es que en Europa, durante el transcurso de las “luminosas edades oscuras”[1] se había desarrollado una clase social que se hallaba disputando en forma creciente espacios de poder en la sociedad feudal: la burguesía. Para ésta, la existencia de los libros impresos, fue en un primer momento la necesidad de contar con un arma ideológica con la que enfrentar al Papado y al Imperio.

Será más adelante que desde el siglo XVII que aparecerán los periódicos, publicaciones en un comienzo distribuidas a suscriptores, y que poco a poco irán cobrando importancia. Pero aún no hemos llegado a ello.

La imprenta, invención técnica, fue posible sólo porque existía una necesidad social a la que responder. Sin ésta no hubiese existido o hubiese sido un mero juguete, una curiosidad entre las chucherías de algún reyezuelo.

La imprenta, la prensa, reclamaba ser libre, esto es, reclamaba la libertad para la clase social que en ella veía una herramienta que posibilitaba su desarrollo.

Es por ello que digo que la libertad de prensa no es otra cosa sino una libertad de clase. Esto nos permite entender la naturaleza del mensaje ideologizado que brindan los medios de comunicación. Este mensaje, incluso tras la máscara de la más ubérrima libertad, se constituye a partir de una censura perenne, fruto de esa visión sesgada.

Es que así cómo la libertad de prensa se reclama tal ante la censura de los poderes de la Iglesia y del Rey y se constituye por eso mismo en la natural antagonista de aquellos poderes. Lo que niega el poder en una sociedad feudal se convierte en la negación afirmada en una sociedad burguesa. Así no podrá ser esta libertad otra cosa sino la afirmación que niega a su vez las voces que el desarrollo de la historia traerá a cuento en una siguiente etapa.

Para conseguir su reinado, la libertad de prensa necesita una justificación que la legitime. Se presenta entonces como una voz que controla, revela, difunde, informa. Todo ello en beneficio de una parte del todo social, al que se presentaba como si fuese íntegramente éste. Recordemos que el pueblo llano, rara vez sabía leer.

Así que para el burgués en siglos recientes, no aparecerá contradicción alguna entre la libertad de prensa y la libertad de expresión a secas. La libertad de prensa no es sino la libertad de su expresión.

Pero según se difunde el conocimiento de la lectura, comienza a hacerse obvio que la libertad de prensa implica de sí siempre y en todo caso, una opción interesada, un juego parcial en una dinámica política específica.

Por más que los iniciales movimientos socialistas –en el sentido más amplio e inclusivo– del siglo XIX utilizasen de imprentas[2], y por más que la profesión de “imprentero” haya dado dirigentes a esas actividades, prontamente será el Estado Burgués el que deberá silenciar las prensas de la nueva clase que comienza a desenvolverse bajo los cielos erizados de chimeneas. Sin embargo, mejor aún que el silenciar prensas, será el utilizar la propia, como forma de presentar una interpretación de los hechos, que la legitime ante quién es controlado.

Ahora podemos decir que la libertad de prensa se revela en una libertad que controla, no ya al que está en el poder, sino al que lo disputa. No es ya una libertad que difunde, sino que transmite una interpretación alienante. No es ya una libertad que informa, sino que es una herramienta de desinformación. La sociedad que lee, es ahora una sociedad en la que se revela a la libertad prensa para evitar se rebele en busca de libertad.

Cómo en la danza de ilusión de las mitologías indias, la libertad de prensa esclaviza al atar al mundo aparente, el mundo de un discurso que no va a lo que las cosas son. La ilusión de las cosas, es la ilusión de cómo se nos muestran como cosa, lo que no es sino palabra vana.

La ilusión de libertad sacrifica la libertad de expresión a favor de la libertad de prensa. Esta ilusión es lo virtual como falsa visión, contrapuesto a su vez con lo virtual cómo poder de lo real. El imperio de las miradas oculta la lámpara, incluso si está encima de una mesa, ya que para ver no se depende de mirada alguna, sino de los ojos en sí.

Llegados a nuestra actualidad, la prensa ya no refiere al papel, sino que lo hace al tubo hogareño que nos señala “que es” el mundo que es. La fetichización, como proceso central en la dinámica de una sociedad capitalista, conduce en último término a la fetichización de la imagen, que se convoca a sí misma, como realidad última.

Y no se trata sólo de mostrar o decir algo que no es lo que es, sino que incluso se puede constituir en expresión alienante alentando la desemantización de lo que es, trivializándolo, o asociándolo con otras formas de vacuidad.

La potencia del órgano, es silenciada por la voz que lo invoca, para negarlo. El órgano sin embargo puede hacerse cargo, expresándose, autoenunciándose, siendo boca que se dice.

Porque hasta ahora hemos visto como se constituye la forma de negación de la libertad de expresión que es la libertad de prensa. Ahora pasaremos a ver cómo puede esto dejar de ser así.

Virtual se dice recientemente, de aquello que no siendo real, aparece cómo tal[3]. Virtual, se decía anteriormente, de la imagen de la cosa que se constituía en el espejo. La realidad de la antigua virtualidad se reconocía irreal en la inversión de su derecha y su izquierda. La realidad de la actual virtualidad se reconoce en la negación de la virtud de lo real.

La virtualidad de los espejos era un simple artilugio para vernos, era un elemento que posibilitaba la reflexión de la luz. La virtualidad del mundo actual es la cancelación de la luz refleja, en pos de la luz emitida. La realidad de la emisión conlleva la fetichización de la imagen[4] como forma plena de la sujeción actual a una ilusión, esto es como negación real de la realidad[5].

Tomemos ahora brevemente por otro camino.

Desde siempre el pensamiento ha sabido ocuparse de diversas cosas. Desde las más usuales hasta las más ajenas a la experiencia cotidiana. Y ese ejercicio del pensamiento llevó también a pensar en el propio pensamiento. No como un juego de lógica vacía, sino bajo la forma de la reflexión.

El pensamiento que se mira en el espejo, la reflexión, puede al verse a sí mismo objetivarse. No importa la inversión de izquierda y derecha, esto simplemente es identificado y corregido por el entendimiento: el pensamiento reflexivo supera lo meramente formal, llevado de la significación, de la semántica de lo pensado.

Pero esa identificación de lo semántico en la imagen refleja, sólo es posible por la experiencia que nos lleva a tocar en lo real lo inverso a lo virtual, reconocido como tal. Así reflexión y práctica se hermanan, y posibilitan que el que se refleja se reconozca fuera del espejo, y utilice la reflexión como herramienta para decir de sí.

Este decir de sí, semánticamente cargado, es lo que llamo autoenunciación, entendido como praxis liberadora.

El mundo de la imagen fetichizada es –en el mejor de los casos– el mundo de la muda sintaxis, de la inversión virtual. Y en los casos peores, el de la plena sujeción a una imagen vuelta cosa.

La virtualidad se niega mutuamente con el poder virtuoso. Este es el poder que surge de la praxis liberadora, de la autoenunciación, de la reflexión y la práctica aunadas. Es el que lleva de sí la necesidad de la sociedad a ejercer su derecho a la libre expresión, más allá de los intereses de los dueños de los medios.

En el contexto de una sociedad en proceso de cambio, en el que se comienzan a cuestionar los privilegios de clase, naturalmente los medios se constituirán en la voz y conciencia de las clases dominantes, e intentarán revertir lo real en ilusión.

Pero este enfrentamiento, como todo el resto de la lucha de clases, no se da en el puro vacío de una ponencia académica. Se da en sociedades reales, históricas. Las sociedades de la modernidad se constituyeron en sociedades Estatales, como forma de institución principal, que permitía una síntesis de las fuerzas actuales y vigentes en la misma.

Afirmaré –y no más que eso, ya que tratar este tema excedería lo que me propongo en este trabajo– que todo Estado es la expresión de la síntesis política en una sociedad dada. Incluso la transmodernidad lo que hace no es acabar ni debilitar al Estado, sino modificar las bases sobre las que este opera.

Una sociedad en la que el pueblo[6] avanza en el desarrollo de una praxis liberadora, llegará a apropiarse del Estado, y esto lo constituirá en síntesis autoenunciadora. Muy por el contrario, un estado autoritario, orientado a satisfacer los intereses de clase de los poderosos, se constituirá en una síntesis silenciosa.

Así como la libertad de prensa, en tanto libertad de las burguesías, nace negando la autoridad feudal, para afirmar su libertad y de ahí a negar la libertad de expresión como libertad del pueblo que no es burgués; la libertad de expresión se constituye como negación de la libertad de prensa, y a partir de ahí afirma la autoenunciación popular.

Toda sociedad que cuente con un Estado que actúa como síntesis autoenunciadora, será una sociedad en la que el Estado tendrá el deber de aceptar o no las versiones desplegadas en los medios.

Dicho poder no se constituirá en uso autoritario, siendo ese Estado autoenunciación en la sociedad que lo constituye. Sólo se podrá llegar a ello en tanto se recorra un camino de profundización democrática que permitirá esa praxis liberadora colectiva. Ese reconocimiento de lo que es izquierdo o derecho, incluso en lo reflejo, por la semántica que implica.

Esta profundización no será ajena a conflictos. La sociedad sin conflictos no es sino parte de esa ilusión, de lo que no es y se presenta como siendo. Pero la crítica que arma, es la crítica de esa reflexión en la que la propia voz se constituye en pueblo armado.

La ilusión de los que se dicen silenciados -usada como poderosa arma contra aquellos a los que históricamente silenciaron-, es negada por el nuevo poder en la voz que arma a los que ahora dicen de sí creando su propia historia.


[1] Es el título de un libro de Carlos Antonio Aguirre Rojas, que explica en términos marxistas la transición desde la Antigüedad Clásica al Medioevo, del Esclavismo al Feudalismo. Me pareció oportuno traerlo a colación para enfatizar la “luminosidad” y dinamismo de la sociedad feudal, cuando justo hablo de su transición a la sociedad capitalista.

[2] Lenin incluso en el comienzo del siglo XX propone en “Que hacer” la tarea de un periódico partidario de alcance nacional. Hay que comprender que no lo promueve por ser un medio de prensa lo propuesto, sino por ser una tarea que podía vertebrar a todo el Partido a escala nacional. http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/qh5.htm

[3] La discusión de lo virtual que sigue implica una reflexión que tiene su deuda con lo escrito por Ricardo Viscardi en “Guerra en su nombre”, pg. 64 y siguientes, si bien mis conclusiones al respecto son otras. Por ello toda similitud es un acto intencional de respuesta.

[4] Sería también muy interesante un estudio sobre la economía de la imagen implícita en esto.

[5] Podría agregarse que esta sujeción opera sujetando a un sujeto tan irreal como la imagen. De ahí el rechazo al sujeto, invención de la modernidad capitalista.

[6] Utilizo “pueblo” en el sentido en que lo realiza Dussel en “20 Tesis de Política” pg. 89 y siguientes.


Presentado como ponencia en el Coloquio “Pensar lo Regional en un Contexto Global”, (III Coloquio de Pensamiento y Actualidad) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, jueves 27 de Setiembre de 2007.”

Publicado como artículo en el número 120 de la Revista Estudios, Marzo de 2008, Motevideo, Uruguay

1. La cultura de la sudoccidentalidad es una cultura formada a partir del pensamiento europeo como nota dominante. Durante la conquista de estas tierras, las formas locales fueron en distinta medida arrasadas. En lo que respecta al pensamiento filosófico, en tanto se trataba de un tipo de actividad no desarrollada por las culturas preexistentes, ni tampoco por las poblaciones forzosamente aportadas, toda construcción se basa en dicha tradición.

Sin obstar lo precedente, es claro como a partir del propio siglo XIX comienzan a darse intentos de generar un pensamiento propio, identificatorio y definidor de esa identidad.
Esto ha conducido a un proceso en el que la ambigüedad entre la fidelidad a las corrientes del pensamiento europeo –posteriormente europeo-norteamericano, que por economía llamaremos en general como “europeo”–, y el intento de crear propias concepciones y convicciones de pensamiento.

2. A pesar de tal origen “común” fruto de la violencia y la aculturación, aunque el mismo halla sido reforzado por sucesivas –y justificadas–, admiraciones, las condiciones que nos habilitan a pensar dentro de un mismo marco tienden a desaparecer en el tiempo.
Cabe entonces entender que desde un mismo primero momento ha de haber existido esa diferencia. ¿O podría haber sido de otro modo entre quiénes detentan el poder y quiénes son sometidos?.
Las semejanzas que sin embargo se presentan desde el tiempo de la conquista y muchas de sus manifestaciones tras la independencia –y hasta el día de hoy–, provienen de lo que Andrea Díaz llama “ladinismo”, un afán de complacer al capataz del intelecto.

3. La sudoccidentalidad es conquistada por los europeos, al igual que otras regiones del mundo, en el tiempo del pensamiento moderno. Aquél que entendía la relación cognitiva como la de un sujeto que conoce a un objeto por el artificio de representárselo. Propongo que tal modelo puede ser extendido a su forma de comprender el mundo, o más aún, que dicha forma es una suerte de reflejo su actitud política.
El sujeto, el que conoce, soy yo el europeo. El objeto, el que es conocido, es él, el americano, el africano, el sometido. La representación es el nombre y las características que el conocido reviste en mi actividad cognitiva. Cuando te conozco te hago por imposición de un nombre: un odiado caníbal, o un buen salvaje que vive en una “reducción”. Queda pendiente el nunca bien resuelto tema de la identidad entre dicha representación, y la cosa en sí, o sea, nosotros.

4. Así planteado, el largo proceso colonial llega a su término político, pero se continúa en la medida que el pensamiento de los propios colonizados sigue pensando a partir de las mismas formas, las que se aplican como si no otra forma de pensar existiese. Cuando se intenta pensar desde América, lo que se hace muchas veces es tratar de hacer una mejor Europa, más que una América filosófica.
Cabría aquí preguntarse si no se trata de la existencia de una única corriente de pensamiento mundial, que no conoce otro camino de evolución que la continuidad. Esta pregunta, tan grata al inconsciente positivismo nacional, no se sostiene si comparamos al interior del pensamiento europeo de casi cualquier época, pero aún más del período en cuestión, las grandes diversidades de opinión. En una Europa en la que coexistían Marx, Frege, Nietzsche, etc. quedaba en evidencia que no había un camino único de pensamiento. Nuestra incapacidad de generar pensamiento propio, debe ser analizada a la sombra de esa diversidad.

5. Amén de aquél mutuo apartamiento entre un pensamiento del sujeto/dominante y del objeto/dominado –a quién se niega a tal punto su identidad, que lo conocido termina siendo no él sino su representación–, se vincula naturalmente que lo que de nosotros conocíamos no fuera a nosotros mismos, sino a nuestra representación, según el europeo podía nombrarla. Sin embargo la sucesiva reflexión comenzará a socavar tal certidumbre engañosa.
La reflexión sobre la propia identidad latinoamericana, planteada ampliamente no sólo en el terreno filosófico sino también en el literario, da cuenta de ello. Esto es de por sí alejarse entre ambas cultura, ya que el europeo no necesita plantearse su apartamiento, ni interpela su identidad con respecto a un ajeno que le hace ser por sus ojos.

6. Pero en el correr del siglo XX se produce un hecho esencialmente europeo que condiciona el pensamiento posterior. La Europa de Hegel manifiesta a su espíritu en Austchwitz. Materializa el horror y la matanza desacreditando toda perfección futura garantizada. Instaura el miedo al futuro, instaura la desconfianza en el provenir.
De nada vale la negación/derrota de los gobiernos fascistas en la guerra, una y otra vez, reaparecerán vencedores, en las caras de la represión francesa en Argelia, las de los estadounidenses en Vietnam, por citar sólo dos casos. Son las mismas caras que con justificación se temen y odian del campo nazi.
Los cuerpos de las víctimas se transforman en el problema a resolver para el pensamiento europeo, ¿cómo pudimos llegar a ésto?. Europa no se pregunta ya de su poder internacional. La necesidad de auto justificarse es más importante.

7. Vemos sin sorpresa la sorprendente coincidencia del abandono de la relación sujeto-representación-objeto en el pensamiento del siglo XX. Ya no se trata de pensarme como el amo del mundo, sino de pensarme como el perpetrador de horror. El que se hace a sí mismo lo que ya venía haciéndole a esos otros, a los objetos, pero que ahora no puedo ver por la mediación de una componedora representación. Me lo he hecho a mí mismo.
El sujeto se queda sin más nada que sí mismo. Es un sujeto narcisista, es un sujeto que se refugia en la formulación lógica, o en la filosofía del lenguaje, elevando las herramientas a la nivel sustancia. La filosofía se vuelve un juego muchas veces fatuo, de especialistas para especialistas, sin que consuelo alguno sea provisto.

8. Brevemente apunto que esto confluye con un proceso de vaciamiento del pensamiento filosófico, como parte de un programa de cientifización de la filosofía. A ello, esa tarea de especialización académica, lo podemos sumar como acto de expertecnia en el que nos alejamos del amor al saber, entrando en la enumeración que sólo ama la normatividad en nuestros cuerpos.

9. Pero para el sudoccidental pensante, ¿que fue del horror europeo?. Sólo por la empatía, por la prensa, por la literatura y el cine, por el relato del emigrante hacemos parte en Hiroshima, en Buchenwald, de los bombardeos aliados sobre Alemania en el ‘45. No es nuestra historia, sino la historia de ellos, que con sus consecuencias nos moja. No es nuestra y por ello no es la materia de la que nuestro pensamiento se nutre para reflexionar.
No es raro que en los ‘60 se desarrolle una corriente como la Filosofía de la Liberación, interesada en un tratamiento del Otro (la cosa, el que no soy yo que aún me veo semieuropeo), e interesada en la ruptura de los lazos de dependencia, la relación que me aliena de ser el centro de mi historia y mi circunstancia.

10. Y entonces la historia nos proporciona nuestra propia tragedia. Los europeos tuvieron su guerra, nosotros tuvimos nuestras dictaduras. La desaparición y la tortura, la persecución y el exilio, el encarcelamiento y la militarización de la sociedad son nuestra peripecia por el horror que por mera compasión no podíamos asumir.
¿Estoy proponiendo una supuesta necesidad de tal experiencia? Nada más lejos de mis intenciones. Lo que digo es que así cómo el europeo tuvo su experiencia del horror, y desde ahí continúa su proceso de pensamiento, nosotros tenemos la nuestra, que reviste enormes diferencias, y que desde ahí tenemos que seguir nuestro proceso de reflexión.

11. Cuando se rompe la relación sujeto-representación-objeto, ellos se quedaron con el sujeto. Nosotros con el objeto.
Y el objeto se trató a si mismo con la prohibición de nombrarse. Se identificó el reclamo con un nombre del pensamiento europeo (marxismo-leninismo). Se identificó el culpable con un nombre en ocasiones de mención prohibida. Se identificó el cuerpo como un cuerpo que nunca más sería pronunciado, ya que se le desaparecía. Se identificó el lugar de la amenaza como un infierno moderno –la sala de tortura–, en el que ser castigado en esta vida, por un estado/dios que actúa con prescindencia de fronteras (ausencia del nombre de trascendencia y ausencia del nombre de mi colectividad). Y en el caso uruguayo, se negó el nombre de cárcel ubicándola en Libertad.
Toda la dictadura contiene una negación del nombre, y es que el objeto no puede pronunciar al objeto, ya que esa era la función del sujeto. Así que los objetos estábamos ahí para ser clasificados (A, B, C); estábamos ahí para recibir las órdenes; estábamos ahí para reconocernos sólo en tanto que un otro que no se pronuncia por el temor a pronunciarse.

12. Esta es una discusión de la que simplemente hago un esbozo. Todo lo precedente permitiría un tratamiento mucho más exhaustivo. Pero antes de terminar, haré aún alguna reflexión sobre nuestra naturaleza de objetos en mutua relación, y sobre el mundo que siguió, al mundo silencioso del cono sur.

13. Tras las dictaduras los especialistas se hicieron cargo de las actividades políticas, culturales, sociales. Ya no se pide la opinión al político, sino al politólogo. Ya no cuenta la pertinencia de la decisión del gasto, sino el equilibrio de variables para economistas. Y no es que yo me niegue al papel que el politólogo o el economista pueden y deberían tener en la sociedad. Me niego a la entronización de su opinión, a la expertecnia mediante la cuál los objetos hacemos carne las leyes de su ciencia humana, aquella con la que nos deshumanizamos en la renuncia a nombrarnos.
Ese es el reto político.

14. Somos objetos en el mundo de los objetos. El reto filosófico será pues pasar a ser objetos que nombran. Ser capaces de dar cuenta de la diferencia entre uno y otro objeto, concebida a partir de las distancias entre uno y otro objeto.
Se trata de trazar el mapeo entre objetos, que el relato de los antagonismos y sucesiones, vaya formando una descripción, en la que puedo nombrarme a partir del intervalo que se establece entre objeto y objeto.
Ya no habría uno que conoce y uno que es conocido, sino conocimiento por la mutua disposición, en la que hago inteligible relaciones de diferencia, entre los que sólo a partir de dichas relaciones –y relación es también relato– me constituyo en un objeto que puede pronunciarse.

El anterior artículo lo publiqué en la Revista Arjé en su número 6 publicado en Diciembre de 2005, con el título “BOSQUEJO DESDE EL OBJETO. Para una reflexión desde nuestra situación”. Del mismo suprimí para su edición aquí las notas al pié y algunas pocas palabras las cambié

Este artículo, incluyendo la nota anterior, fue publicado en “Maten a Sócrates” en Blogger. Luego lo trasladé a “Flax et Pango” en Bitácoras. Ahora lo traslado a este lugar, manteniendo la fecha de su publicación original en Blogger.

Esta versión corregida -por ello mismo- descarta versiones anteriores.