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Monthly Archives: septiembre 2007

Borrador filosófico, en torno a unas reflexiones sobre el objeto y las consecuencias que de ellas se pueden derivan.

1. Digo “Objeto” de todo aquello de lo que puedo decir algo.esquema objeto

2. Así habrán objetos que existen, y objetos que no existen, pero todos serán objetos.

3. Un sujeto, en el plano cognitivo, no es sino aquel que conoce un cierto objeto. Pero en tanto de ese sujeto puedo decir que es alguien que conoce un cierto objeto, carece de relevancia que sea otra cosa, sino un objeto en tanto de él puedo decir que conoce.

4. En tal sentido cabría preguntarse si un objeto que conoce guarda algún tipo de privilegio con respecto a otros objetos. Más para ello deberíamos entender primero que es conocer.

5. En líneas generales, se habla de “sujeto de la historia”, “sujeto de liberación”, etc. para indicar cuál es el actor que desarrolla un cierto proceso. Pero en tanto es un actor de un proceso, es algo de lo que algo puedo decir. Un objeto.

6. La resistencia a pensar sin sujeto podría venir por un lado de objeciones teóricas, pero creo que además proviene de una fuerte objeción emocional. Si no hay sujeto, y todo es objeto, entonces en tanto objeto yo seré un dato pasivo en una realidad que únicamente me exterioriza. Veremos que no es así.

7. Si supusiésemos para un cierto objeto el nombre de sujeto, entonces ese sujeto conoce objetos. Uno de los objetos que conoce es a sí mismo. En tal sentido se conoce como objeto. (Schopenhauer). También conoce a otros que en su momento son sujetos, pero en tanto son conocidos, son objetos.
Nadie pondría en duda que tal “objetualización” del sujeto que se conoce a sí mismo o que conoce a un otro, no quita ni agrega a la humanidad y voluntad del tal objeto conocido.
Por ello los argumentos “emocionales” contra el objeto cómo sustitutivo del sujeto no se justifican tampoco desde este punto de vista.

8. Lo mismo puede aplicarse al concepto de sujeto histórico, etc. En cualquier caso puede ser sustituído por objeto, o por una expresión menos conflictiva, como actor, ya que en este caso lo que cuenta es no enfatizar una posición cognitiva, sino un lugar en la acción.

9. Cómo dijimos al principio, el rechazo al sujeto va de la mano con una cuestión primordial: el rechazo a toda gnoseología que dependa de uno que conoce. (ver notas sobre conocimiento).

10. Planteado así el conocimiento como relaciones entre objetos, podremos afirmar que en un nivel máximo de abstracción, todo se reduce a objeto y negación. (La negación me permite tener dos valores, el objeto y el no objeto. A partir de ahí puedo tener la conjunción. Y una vez con conjunción y negación puedo armar todos los demás operadores lógicos).

11. Si la estructura básica de abstracción es objeto y su negación, siendo la negación no el objeto sino no el objeto, entonces no puedo sino aceptar que para nos ser un cierto objeto es necesario no ser ese objeto. Así tenemos una base deductiva que permite comprender la necesidad de esa oposicíon como condición de nuestro pensamiento.

12. Ahora bien, en tanto no se puede ser un objeto y no ser ese objeto al mismo tiempo, el objeto deberá ser y no ser diacrónicamente. Así es cómo el tiempo se presenta como una dimensión necesaria de nuestro pensamiento. En el mismo, bien visto, nunca podrá haber una auténtica sincronía, sino una mera aproximación sincrónica. Objeto, negación y necesaria diacronía son los elementos sobre los que lógicamente se sustenta la dialéctica.