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Monthly Archives: febrero 2006

1. Yo me constituyo en el Otro, el Otro es constituído por mí. Tal es la realidad inefable de nuestro aprendizaje, de nuestra constitución como individuos de una sociedad.
El el Otro el que me hace ser quién soy, yo no soy sino el Otro encarnado en un mí. Pero tal situación no se limita a una pasiva aceptación.
Yo a su vez imprimo mi Yo sobre aquél del Otro que es él siendo Yo.
Como el huevo y la gallina, pero con una diferencia que es algo más que un matiz

2. El Otro no es un Otro-Madre, ni un Otro-Familia. El Otro-Madre y el Otro-Familia operan a su vez en base a una constitución de Sí que proviene de otros Otro que les han antecedido.
Yo soy el Otro de una cierta tradición en mí.
Por tal entenderé un Sí, y de aquí en más hablaré del Sí.

3. Podríamos metaforear y decir que el Otro en mí es la patitura y que lo que hago no es sino interpretarla.
Para algunos tal rol, el de intérprete se transformaría en el de mero intérprete.
Pero el rol de éste no es simplemente el de elegir cómo decir lo dicho en la partitura. Su música se inscribe en la partitura, pero a su vez la recrea.
Cada ejecutante reescribe instantáneamente la partitura.

4. Así las cosas, la indefensión individual frente al Todo es manifiesta, pero también la necesidad del Todo por sus individuos constituyentes.
Recuérdese en todo momento que sin embargo no hablamos de una relación en pie de igualdad.

5. De acuerdo con este modo de comprensión de Sí y del Otro, no hay un Sí sin un Otro.
Cabe pues preguntarse si a partir de esta comprensión es posible filosofar en clave subjetiva o psicologicista.
No lo creo así.

6. La recta comprensión del mundo en que vivimos nos permite entender la fragilidad de nuestro Sí individual. Sometámonos a las escalas cósmicas, de tiempo y de espacio y comprenderemos cuán poco somos.
Considéremoslo a partir de una comprensión social y entenderemos que somos Otro.

7. Una aclaración previa importante. En modo alguno estas líneas pretenden quitar importancia a la Psicología, quién antes fuese aludida. Ni tampoco propender al uso terapéutico de corrientes que se prentenden más objetivas.
El fin de la Psicología es la cración de teoría útil al desenvolvimiento de tratamientos y a la comprensión individual.
Pero de lo que estoy hablando no es de Psicología, sino de Filosofía. Y aquí los psicologismos son inevitablemente irrelevantes.

8. El hombre (anthropos) medida de todas las cosas, decía Protágoras. En una de las líneas de interpretación de esa frase, no es el hombre puntual, sino el Hombre genérico.
Si las cosas son medidas en la medida del Hombre es que es el hombre el que mide.
La autoreferencia, lejos de constituírse en un problema, es una necesidad (inevitabilidad) de nuestra posición, y constitución.

9. El Hombre es síempre el Otro, pero el Otro que incluye el Sí.

Este artículo fue publicado en “Maten a Sócrates” en Blogger. Luego lo trasladé a “Flax et Pango” en Bitácoras. Ahora lo traslado a este lugar, manteniendo la fecha de su publicación original.

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1. La cultura de la sudoccidentalidad es una cultura formada a partir del pensamiento europeo como nota dominante. Durante la conquista de estas tierras, las formas locales fueron en distinta medida arrasadas. En lo que respecta al pensamiento filosófico, en tanto se trataba de un tipo de actividad no desarrollada por las culturas preexistentes, ni tampoco por las poblaciones forzosamente aportadas, toda construcción se basa en dicha tradición.

Sin obstar lo precedente, es claro como a partir del propio siglo XIX comienzan a darse intentos de generar un pensamiento propio, identificatorio y definidor de esa identidad.
Esto ha conducido a un proceso en el que la ambigüedad entre la fidelidad a las corrientes del pensamiento europeo –posteriormente europeo-norteamericano, que por economía llamaremos en general como “europeo”–, y el intento de crear propias concepciones y convicciones de pensamiento.

2. A pesar de tal origen “común” fruto de la violencia y la aculturación, aunque el mismo halla sido reforzado por sucesivas –y justificadas–, admiraciones, las condiciones que nos habilitan a pensar dentro de un mismo marco tienden a desaparecer en el tiempo.
Cabe entonces entender que desde un mismo primero momento ha de haber existido esa diferencia. ¿O podría haber sido de otro modo entre quiénes detentan el poder y quiénes son sometidos?.
Las semejanzas que sin embargo se presentan desde el tiempo de la conquista y muchas de sus manifestaciones tras la independencia –y hasta el día de hoy–, provienen de lo que Andrea Díaz llama “ladinismo”, un afán de complacer al capataz del intelecto.

3. La sudoccidentalidad es conquistada por los europeos, al igual que otras regiones del mundo, en el tiempo del pensamiento moderno. Aquél que entendía la relación cognitiva como la de un sujeto que conoce a un objeto por el artificio de representárselo. Propongo que tal modelo puede ser extendido a su forma de comprender el mundo, o más aún, que dicha forma es una suerte de reflejo su actitud política.
El sujeto, el que conoce, soy yo el europeo. El objeto, el que es conocido, es él, el americano, el africano, el sometido. La representación es el nombre y las características que el conocido reviste en mi actividad cognitiva. Cuando te conozco te hago por imposición de un nombre: un odiado caníbal, o un buen salvaje que vive en una “reducción”. Queda pendiente el nunca bien resuelto tema de la identidad entre dicha representación, y la cosa en sí, o sea, nosotros.

4. Así planteado, el largo proceso colonial llega a su término político, pero se continúa en la medida que el pensamiento de los propios colonizados sigue pensando a partir de las mismas formas, las que se aplican como si no otra forma de pensar existiese. Cuando se intenta pensar desde América, lo que se hace muchas veces es tratar de hacer una mejor Europa, más que una América filosófica.
Cabría aquí preguntarse si no se trata de la existencia de una única corriente de pensamiento mundial, que no conoce otro camino de evolución que la continuidad. Esta pregunta, tan grata al inconsciente positivismo nacional, no se sostiene si comparamos al interior del pensamiento europeo de casi cualquier época, pero aún más del período en cuestión, las grandes diversidades de opinión. En una Europa en la que coexistían Marx, Frege, Nietzsche, etc. quedaba en evidencia que no había un camino único de pensamiento. Nuestra incapacidad de generar pensamiento propio, debe ser analizada a la sombra de esa diversidad.

5. Amén de aquél mutuo apartamiento entre un pensamiento del sujeto/dominante y del objeto/dominado –a quién se niega a tal punto su identidad, que lo conocido termina siendo no él sino su representación–, se vincula naturalmente que lo que de nosotros conocíamos no fuera a nosotros mismos, sino a nuestra representación, según el europeo podía nombrarla. Sin embargo la sucesiva reflexión comenzará a socavar tal certidumbre engañosa.
La reflexión sobre la propia identidad latinoamericana, planteada ampliamente no sólo en el terreno filosófico sino también en el literario, da cuenta de ello. Esto es de por sí alejarse entre ambas cultura, ya que el europeo no necesita plantearse su apartamiento, ni interpela su identidad con respecto a un ajeno que le hace ser por sus ojos.

6. Pero en el correr del siglo XX se produce un hecho esencialmente europeo que condiciona el pensamiento posterior. La Europa de Hegel manifiesta a su espíritu en Austchwitz. Materializa el horror y la matanza desacreditando toda perfección futura garantizada. Instaura el miedo al futuro, instaura la desconfianza en el provenir.
De nada vale la negación/derrota de los gobiernos fascistas en la guerra, una y otra vez, reaparecerán vencedores, en las caras de la represión francesa en Argelia, las de los estadounidenses en Vietnam, por citar sólo dos casos. Son las mismas caras que con justificación se temen y odian del campo nazi.
Los cuerpos de las víctimas se transforman en el problema a resolver para el pensamiento europeo, ¿cómo pudimos llegar a ésto?. Europa no se pregunta ya de su poder internacional. La necesidad de auto justificarse es más importante.

7. Vemos sin sorpresa la sorprendente coincidencia del abandono de la relación sujeto-representación-objeto en el pensamiento del siglo XX. Ya no se trata de pensarme como el amo del mundo, sino de pensarme como el perpetrador de horror. El que se hace a sí mismo lo que ya venía haciéndole a esos otros, a los objetos, pero que ahora no puedo ver por la mediación de una componedora representación. Me lo he hecho a mí mismo.
El sujeto se queda sin más nada que sí mismo. Es un sujeto narcisista, es un sujeto que se refugia en la formulación lógica, o en la filosofía del lenguaje, elevando las herramientas a la nivel sustancia. La filosofía se vuelve un juego muchas veces fatuo, de especialistas para especialistas, sin que consuelo alguno sea provisto.

8. Brevemente apunto que esto confluye con un proceso de vaciamiento del pensamiento filosófico, como parte de un programa de cientifización de la filosofía. A ello, esa tarea de especialización académica, lo podemos sumar como acto de expertecnia en el que nos alejamos del amor al saber, entrando en la enumeración que sólo ama la normatividad en nuestros cuerpos.

9. Pero para el sudoccidental pensante, ¿que fue del horror europeo?. Sólo por la empatía, por la prensa, por la literatura y el cine, por el relato del emigrante hacemos parte en Hiroshima, en Buchenwald, de los bombardeos aliados sobre Alemania en el ‘45. No es nuestra historia, sino la historia de ellos, que con sus consecuencias nos moja. No es nuestra y por ello no es la materia de la que nuestro pensamiento se nutre para reflexionar.
No es raro que en los ‘60 se desarrolle una corriente como la Filosofía de la Liberación, interesada en un tratamiento del Otro (la cosa, el que no soy yo que aún me veo semieuropeo), e interesada en la ruptura de los lazos de dependencia, la relación que me aliena de ser el centro de mi historia y mi circunstancia.

10. Y entonces la historia nos proporciona nuestra propia tragedia. Los europeos tuvieron su guerra, nosotros tuvimos nuestras dictaduras. La desaparición y la tortura, la persecución y el exilio, el encarcelamiento y la militarización de la sociedad son nuestra peripecia por el horror que por mera compasión no podíamos asumir.
¿Estoy proponiendo una supuesta necesidad de tal experiencia? Nada más lejos de mis intenciones. Lo que digo es que así cómo el europeo tuvo su experiencia del horror, y desde ahí continúa su proceso de pensamiento, nosotros tenemos la nuestra, que reviste enormes diferencias, y que desde ahí tenemos que seguir nuestro proceso de reflexión.

11. Cuando se rompe la relación sujeto-representación-objeto, ellos se quedaron con el sujeto. Nosotros con el objeto.
Y el objeto se trató a si mismo con la prohibición de nombrarse. Se identificó el reclamo con un nombre del pensamiento europeo (marxismo-leninismo). Se identificó el culpable con un nombre en ocasiones de mención prohibida. Se identificó el cuerpo como un cuerpo que nunca más sería pronunciado, ya que se le desaparecía. Se identificó el lugar de la amenaza como un infierno moderno –la sala de tortura–, en el que ser castigado en esta vida, por un estado/dios que actúa con prescindencia de fronteras (ausencia del nombre de trascendencia y ausencia del nombre de mi colectividad). Y en el caso uruguayo, se negó el nombre de cárcel ubicándola en Libertad.
Toda la dictadura contiene una negación del nombre, y es que el objeto no puede pronunciar al objeto, ya que esa era la función del sujeto. Así que los objetos estábamos ahí para ser clasificados (A, B, C); estábamos ahí para recibir las órdenes; estábamos ahí para reconocernos sólo en tanto que un otro que no se pronuncia por el temor a pronunciarse.

12. Esta es una discusión de la que simplemente hago un esbozo. Todo lo precedente permitiría un tratamiento mucho más exhaustivo. Pero antes de terminar, haré aún alguna reflexión sobre nuestra naturaleza de objetos en mutua relación, y sobre el mundo que siguió, al mundo silencioso del cono sur.

13. Tras las dictaduras los especialistas se hicieron cargo de las actividades políticas, culturales, sociales. Ya no se pide la opinión al político, sino al politólogo. Ya no cuenta la pertinencia de la decisión del gasto, sino el equilibrio de variables para economistas. Y no es que yo me niegue al papel que el politólogo o el economista pueden y deberían tener en la sociedad. Me niego a la entronización de su opinión, a la expertecnia mediante la cuál los objetos hacemos carne las leyes de su ciencia humana, aquella con la que nos deshumanizamos en la renuncia a nombrarnos.
Ese es el reto político.

14. Somos objetos en el mundo de los objetos. El reto filosófico será pues pasar a ser objetos que nombran. Ser capaces de dar cuenta de la diferencia entre uno y otro objeto, concebida a partir de las distancias entre uno y otro objeto.
Se trata de trazar el mapeo entre objetos, que el relato de los antagonismos y sucesiones, vaya formando una descripción, en la que puedo nombrarme a partir del intervalo que se establece entre objeto y objeto.
Ya no habría uno que conoce y uno que es conocido, sino conocimiento por la mutua disposición, en la que hago inteligible relaciones de diferencia, entre los que sólo a partir de dichas relaciones –y relación es también relato– me constituyo en un objeto que puede pronunciarse.

El anterior artículo lo publiqué en la Revista Arjé en su número 6 publicado en Diciembre de 2005, con el título “BOSQUEJO DESDE EL OBJETO. Para una reflexión desde nuestra situación”. Del mismo suprimí para su edición aquí las notas al pié y algunas pocas palabras las cambié

Este artículo, incluyendo la nota anterior, fue publicado en “Maten a Sócrates” en Blogger. Luego lo trasladé a “Flax et Pango” en Bitácoras. Ahora lo traslado a este lugar, manteniendo la fecha de su publicación original en Blogger.

Esta versión corregida -por ello mismo- descarta versiones anteriores.

1. El derecho vigente en una sociedad dada, en un momento dado, es la expresión de las fuerzas vigentes en la misma. Digo, vigentes, ya que muchas veces no se trata exactamente de la correlación presente …

1. El derecho vigente en una sociedad dada, en un momento dado, es la expresión de las fuerzas vigentes en la misma. Digo, vigentes, ya que muchas veces no se trata exactamente de la correlación presente entre las distintas fuerzas, sino que se arrastra además un conjunto de correlaciones anteriores, las cuales continúan en vigor, por la fuerza que en la misma se asigna a la tradición.

2. Reconocer al derecho como una resultante de fuerzas nos lleva a desechar los argumentos formalistas. El derecho no extrae idealmente su validez de otras normas anteriores en una coqueta regresión hacia los orígenes. El derecho se fundamenta en que será obedecido.

3. La obediencia a la norma no depende del poder de coacción del aparato que se halla detrás de ella. Ninguna norma puede sustentarse sobre la coacción posible. De algún modo es necesario contar con la adhesión del normado. Tal adhesión sólo es posible en tanto la cultura de una cierta sociedad la predispone.
La cultura ha marcado lo que está bien y lo que está mal, y los individuos cumplen con esos valores.

4. El Panóptico foucaultiano supone una visibilidad de los cuerpos desde el punto de control. La luz, el agente exterior que describe en su contraluz las siluetas, es la información, la cultura, la norma.
¿Tiene la realidad siempre tal impronta carcelaria? ¿Es la cárcel invisible usualmente? ¿O no hay tal cárcel sino una gozosa sumisión?
Quién se educa en una cierta cultura aceptará sus contenidos. El que se siente culpable por la violación del contenido de la norma es el “buen ciudadano” contra quién las normas no van dirigidas, y sin embargo es él su principal destinatario.

5. La finalidad por la que tenemos normas, la finalidad por la que las mismas son marcadas, no es la sanción al infractor. Se trata en realidad de una acción performativa que apunta a la construcción de la conducta del buen ciudadano.

6. Las normas en la sociedad de todos los tiempos escapan y van más allá del marco de las normas de derecho. Pero no es posible comprenderlas a éstas sin la atenta consideración de todo el conjunto del aparato normativo.

7. El panóptico supone una posición de control. La observación de las normas apunta una cierta finalidad. ¿Pero tal finalidad existe?. Una finalidad supone un alguien que voluntariamente la establece. Si decimos que las normas corresponden a una cierta correlación de fuerzas, de algún modo puede parecer que decimos lo contrario a asignar un contenido voluntario a las mismas.
Una resultante de fuerzas dadas existe en tanto existen aquellas fuerzas. Las fuerzas que actúan serán entonces las fuerzas vigentes en la sociedad en cuestión, fuerzas que en modo alguno son casuales. Son el resultado de grupos y de sus intereses. Son éstos grupos los que intentan fijar su voluntad sobre la marca de los acontecimientos.
Si hablo de grupos, así genéricamente, es porque a veces esta voluntas e interés corresponde a criterios de clase, pero otra a subdivisiones dentro de las misma, o incluso a alianzas entre grupos de clases diferentes.
Si hemos hallado la finalidad, cabe preguntarse por el controlador. Una vez más el control será ejercido por grupos que pueden ser objetivados, y que pueden describirse del mismo modo.
Así entre la expresión de la correlación, el análisis panóptico, la estática del problema, y entre la dinámica de la voluntad, la dialéctica del problema, no habrá oposición, sino complemento.

8. La posición del controlador en el modelo panóptico es la central. Esta concepción casa perfectamente con una sociedad en la que la división entre el control, el rol político, y la subordinación, el rol social están claramente establecidos. ¿Podemos suponer que tal estado de cosas continúa?
Soy de la opinión contraria. El advenimiento de las tecnologías de la información, se ha acompañado de una diversificación de la acción política. Los enfoques movimentalistas, el ambientalismo, las políticas de la diferencia generan espacios de participación política descentrados.
La respuesta de los intereses dominantes ha pasado por extenderse de la centralidad a la periferia. La división en sociedad política y sociedad civil se agota, en la medida que la sociedad civil es colonizada por organizaciones que generan normativa a partir de la misma. No sobre ella, sino desde ella.
Para ello la norma de máxima autoridad deja de ser el poder efectivo/represivo/económico, para ser la autoridad dimanante del conocimiento técnico. El poder de un saber que se presenta como ausente del campo político, genera un campo político difuso. El lobo no se disfraza de oveja, se hace invisible.
La total visibilidad social invisibiliza los agentes de poder, re-invisibiliza la normatividad como respuesta a la visibilización de la que había sido objeto.
Es el mismo discurso de poder el que embandera un gobierno, una ONG y una banda anarco-punk. El conocimiento, presentado como prescindente de lo político. Lo político como anatema. Todas las culpas se cargan sobre el espacio de lo político.

9. El fin de la dinámica entre el bloque soviético y el capitalismo occidental ambienta tal camuflaje. El espacio político es demonizado. Las ideologías convergen a la barbarie, se dice. Las fuerzas de derecha apelan al discurso técnico económico o de seguridad, y las fuerzas de izquierda a un discurso técnico también económico o de reconocimiento de las minorías o de reivindicación ambiental.
La discusión propiamente política, esto es, la que entiende todos esos puntos como participantes en los procesos históricos, en su mutua relación teórica y práctica, es demonizada para asegurar la hegemonía dominante.
Las Oenegés se constituyen en el mayor y más peligroso modelo de penetración imperial sobre los países de la antigua periferia.

10. Un breve apunte: la periferia deja de ser un concepto espacial. Los países centrales la tienen a domicilio. Piénsese en las revueltas de Francia a fines del 2005 o en las revueltas por las caricaturas de Mahoma en el 2006.

11. Otro breve apunte: la aldea global muestra su intencionada falacia. La interconexión es interconexión de los que pueden y tienen. Los intentos de uso contra hegemónico de la red, por valiosos que sean, apuntan no a la aldea global, sino a la interconexión de aldeas.
En cualquier caso, tales esfuerzos son aún insuficientes.

13. Una consecuencia de todo lo anterior, es que las fuerzas de izquierda y sus aliadas han sido penosamente colonizadas por las formas de pensamiento expertécnico. Muchas veces se apela a fuentes de autoridad científica para legitimar decisiones de naturaleza eminentemente política.
La mala conciencia del político es determinada por la norma que lo fija como un paria con la sociedad. La sociedad civil que ya no es tal, devuelve en su espejo deformante a la sociedad política como una sociedad excluida de legitimidad.

14. Otra consecuencia de lo anterior es que el intelectual ha perdido su organicidad de clase, y pasa a integrarse como un intelectual expertécnico. Tal estado de cosas fundamenta y prescribe el poder de los discursos técnicos en desmedro del reconocimiento de los intereses que así se invisibilizan.
La recuperación del intelectual orgánico se vuelve así una prioridad contra el vaciamiento político, que es la estrategia del Dominio.

Este artículo fue publicado en “Maten a Sócrates” en Blogger. Luego lo trasladé a “Flax et Pango” en Bitácoras. Ahora lo traslado a este lugar, manteniendo la fecha de su publicación original.